13 enero 2013

Regiduría. Cuaderno 3º.

CAP.III. Breve historia de la regiduría

Autora: Trini  (Taller de Teatro maru-jasp)

Otro de los cometidos del Segundo Apunte era hacer todo tipo de ruidos entre cajas que fuesen necesarios para el mejor entendimiento de la obra teatral.

Existían una serie de máquinas fabricadas casi en su totalidad con madera para imitar distintos ruidos, como las de viento, las de lluvia, la de truenos y algún que otro artilugio para simular otros ruidos; máquinas que utilizaba el Segundo Apunte, o quizás algún utilero, ya que por su tamaño, obviamente no se podían meter dentro de la concha, que si no, sería donde las habrían instalado para que las manejase el Primer Apunte.

Los cometidos del Segundo Apunte iban aumentando progresivamente en función de las necesidades de las compañías.

Lo primero que hacía era componer la lista de objetos de utilería que se necesitaban para el espectáculo; esta lista la componía a través de lo que viniese escrito en el libreto y tras una breve reunión o conversación con quien hiciese las veces de director del espectáculo, enseguida se lanzaba a la calle a comprar o alquilar todos estos objetos, a veces muy difíciles de conseguir pero siempre se las apañaba para que éstos estuviesen, removiendo lo que hubiese que remover; todo esto lo hacia fuera de las horas de ensayos y representaciones y raro era el día en el que no hubiera ensayo a las tres de la tarde para preparar un nuevo montaje o para recordar un montaje ya estrenado del repertorio y representaciones a las siete y a las once, y de vez en cuando algún día entre semana y el domingo, una función de propina a las cuatro, sin olvidar que también a veces se hacia una función de madrugada, la cual llamaban la golfa. Así que, el Segundo Apunte, entre ensayar, preparar, hacer las representaciones y el trabajo de buscar objetos para el próximo montaje, se pasaba prácticamente todo el día ocupado, sin cobrar horas extras y además sin librar ningún día de la semana, en cambio el Primer Apunte seguía haciendo el mismo cometido de siempre que seguía siendo importante pero menos variado.

En esta misma época la figura del director no existía como tal profesional que es hoy, la dirección normalmente estaba a cargo del primer actor y cuando la obra era de un actor vivo, éste era quien la dirigía o la hacía conjuntamente con el primer actor. Tampoco existía la figura del actual escenógrafo o decorador en el montaje de determinados géneros teatrales, y por eso el Segundo Apunte empezó a tener aún más protagonismo, ya que se encargaba de decorar la obra teatral; el que hacía las veces de director le entregaba la planta del decorado o de los decorados que éste había diseñado para su obra, le indicaba el estilo y la época y el Segundo Apunte se dedicaba a buscar y a elegir lo que fuese necesario.

Cuando el estreno era en Madrid o Barcelona el Segundo Apunte tenía el trabajo más fácil a la hora de buscar la utilería necesaria para decorar (muebles, cuadros, adornos lámparas, etc). y a la hora de comprar o alquilar los objetos que se necesitaban. En efecto, visitaba las tiendas de alquiler de utilería y a los mueblistas de que disponía el teatro, que por cierto era magníficos y con grandes medios, éstos dejaban sus muebles y accesorios de decoración a cambio de algunas entradas o de algún anuncio en el programa de mano, también en esos tiempo era costumbre en los intermedios bajar una pantalla delante del telón de boca para poner algún anuncio que otro, y así publicitarse los mueblistas, de forma gratuita. También los teatros tenían en sus dependencias gran cantidad de utilería, de la que por supuesto se podía hacer uso.

El Segundo Apunte amueblaba y decoraba a su gusto y dos o tres días antes de estrenar, no más, presentaba la escena a quien se encargase de dirigir el espectáculo, el cual solía dar el visto bueno, aunque siempre le gustaba corregir algún que otro detalle. Por todo esto el trabajo del Segundo Apunto se empezó a respetar y a valorar mucho, cre4ciendo los números de su nómina.

Habría que significar respecto a lo que se acaba de narrar que en aquellos tiempos ya que en determinados géneros la figura del escenógrafo no existía, la persona encargada de la dirección artística era quien se encargaba de diseñar, por decir algo, los decorados, explicando a los constructores de los mismos lo que necesitaba más o menos y éstos se lo construían con dichas explicaciones; también existían las empresas de alquiler de decorados, ya utilizados y que tras un leve lavado de cara, volvían a ser reutilizados si al director le servían.

Todo lo dicho se refiere a Madrid, sobre todo, y Barcelona, pero volviendo al trabajo más duro que realizaba este profesional y que se producía en las giras, cabría resaltar que normalmente cuando se salía de gira no se llevaban nada más que los objetos pequeños, el cortinaje para adorno de arcos y ventanas y alguna que otra alfombra, o a veces nada, pero la utilería grande (muebles, por ejemplo) no, ya que se devolvían a los mueblistas y en cada sitio que se fuera había que conseguir decorar la escena lo más parecido a como se estrenó. Había capitales o algunos grandes municipios, que sus teatros tenían utilería propia, a parte de mueblistas concertados, que contaban con gran cantidad de material y con excelentes profesionales, con lo cual no era muy complicado presentar la escena como en su día se estrenó.

Luego estaban las plazas, digamos, de segunda categoría, que también tenían utilería propia, pero ya más incompleta, con algún que otro objeto de adorno y algún muebles de estilo; habría que decir que estaba muy de moda aún en comedias de corte moderno abusar de la decoración del estilo: Luis XIV, Luis XI, Imperio, Isabelino, Español, etc. y aunque había mueblistas dispuestos a dejarte ciertos muebles a cambio de las ya antes mencionadas entradas o de alguna publicidad, normalmente no tenían muebles de estilo puro y había que recurrir a lo que fuera, como por ejemplo, a casas particulares tratando de convencer a sus dueños para que durante cierto tiempo te dejasen su maravilloso salón, y lo cierto es que te lo dejaban la mayoría de las veces; también se recurría a centros oficiales como alcaldías, juzgados, incluso iglesias y conventos, pero bueno, salvando todas estas dificultades se conseguía más o menos lo que se necesitaba.



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