12 abril 2016

Los ladrones de tiempo


Los teatros que no organizan producciones propias participan en permanentes etapas contra reloj para llegar a dar función de los espectáculos de otros a la hora prevista. Hay teatros que caminan prácticamente sólos, pero también los hay con estructuras jerárquicas de utilidad cuestionable. En éstos últimos donde surgen de la nada departamentos de necesidad ficticia previa capitulación con el político cultural de turno, imperan las reuniones a modo de ritual mesiánico. No dudo de la reunión como herramienta organizativa del trabajo, siempre que las reuniones se mantengan bajo unas premisas claras y no se conviertan en si mismas en el objetivo perseguido, porque entonces se está justificando un vodevil demasiado caro. Con frecuencia a las reuniones llegan temas e incidencias que podrían resolverse dentro de la rutina de trabajo o relación diaria. Pero si abundan, pensemos que son para la búsqueda de una permanente mejora sometida a los criterios subjetivos de un “líder” al que se le otorga mandato hasta ad mortem. Lo malo es cuando se llega a adquirir el síndrome de la reunionitis, a partir de aquí, hay que ponerse en tratamiento facultativo, no suele aceptarse el contagio, te darás cuenta si observas sus síntomas.....no te lío, si quieres profundizar:


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