13 agosto 2014

Fuego en el teatro


Escenografías de papel embarilladas a bastidores de madera, telones de tela pintados, cuerdas por doquier guindando trastos o suspendidas del telar colgando decorados, galerías, puentes y peine de madera....yesca. Densidad de carga de fuego estimada muy elevada. Además se permitía fumar, y se fumaba mucho porque socialmente daba estatus, lo insólito es que ardieron pocos teatros considerando las circunstancias de la época.


Domingo 23 de septiembre de 1928. En el Teatro Novedades tiene lugar la representación del sainete ´La mejor del puertoª, que ha llegado al entrecuadro del segundo y último acto. Son las nueve menos cinco minutos de la noche. Queda poco tiempo para que termine la representación. La escena muestra la cubierta de una goleta anclada en el río Guadalquivir, y al fondo una vista pintada en un gran telón que representa el Barrio de Triana de Sevilla, con una brillante iluminación. A bordo del barco se celebra una fiesta y con este motivo hay profusión de farolillos de verbena con bombillas eléctricas dentro y los empalmes necesarios para el paso de la corriente eléctrica.
De pronto, precisamente faltaban cinco minutos para que fuesen las 9 de la noche, el jefe de los tramoyistas advirtió que ardía la decoración y dio las órdenes oportunas para que quitasen las cuerdas. El jefe de la maquinaria y el director de la Compañía que estaban en el escenario, miraron a los farolillos y observaron que de uno de ellos salía una llama que prendió rápidamente en la decoración. Fue sin duda un cortocircuito. Uno de los tramoyistas dio la voz de ´¡Fuego!ª. Se intentó arrojar al suelo la decoración incendiada para evitar que se propagase al ´peineª del que penden las decoraciones, pero debido a lo grueso de las cuerdas tardaron un tiempo que las llamas aprovecharon para saltar hasta el techo del escenario. El decorado comenzó a arder y también el telón. Entonces, el público lo advirtió, especialmente al ver arder el telón. Una llamarada se proyectó hacia la sala al decir de los supervivientes que lo contarían después. El grito de ´¡Fuego! ¡Fuego!ª se generalizó, cundiendo el pánico, el peor enemigo de los siniestros y el público se precipitó en tropel, alocadamente hacia las puertas de salida.
El escenario era ya un horno. Todo lo que había en él, decorados, maderas, cuerdas, muebles, ardió en pocos minutos, transmitiéndose el fuego a las escaleras de madera y armazón de los telares para pasar a las vigas y de allí a la sala.
Aun el Director de la Orquesta, el Maestro Cayo Vela, tuvo la serenidad de pedir a los músicos que tocasen el pasodoble de Las Lagarteranas para tratar de calmar al público, pero todo fue inútil. El telón cayó en llamas sobre los miembros de la orquesta que tuvieron que ponerse en salvo como pudieron.
La corriente de aire y el tiro que se formó al abrir puertas y ventanas detrás del escenario y en la sala, avivó las llamas. Los espectadores estaban presenciando la última representación, el último acto del terrible espectáculo que ofrecía como final de traca el Teatro Novedades.
El fuego se propagaba ya por la sala avanzando por la embocadura del escenario a los palcos proscenios. Pronto las butacas eran parte de la hoguera, como las divisiones entre éstas, las vigas, el suelo de madera, el techo y toda la sala, comenzando los derrumbamientos parciales.
Los gritos de terror y dolor de las víctimas que se atropellaban sin piedad tratando de hallar la salida aumentaron al apagarse todas las luces del teatro. Sólo el fuego crepitante iluminaba en forma siniestra la escena.
Muchas personas se descolgaron de las localidades superiores al patio de butacas, deslizándose por las columnas hasta caer sobre los grupos de la gente que huía. Otros se arrojaron simplemente desde el anfiteatro cayendo sobre las butacas donde quedaron malheridos. La velocidad de propagación del fuego podría haber sido frenada si se hubiese puesto en marcha el telón metálico del que disponía el escenario, que al parecer estaba bien instalado y en buen estado de funcionamiento, pero el torno por medio del cual subía y bajaba, se hallaba en la parte anterior del escenario, cerca de la embocadura. Como el incendio empezó en una de las últimas decoraciones colgadas en la parte posterior del escenario que era donde se encontraban los tramoyistas, los operarios no pudieron pasar a la parte anterior para hacerlo funcionar.
El humo llenaba la sala produciendo la asfixia de los rezagados que caían al suelo víctimas de la acción del monóxido de carbono. Como se supo después, los espectadores de las localidades altas, fueron los primeros en advertir las señales del fuego y trataron de huir escaleras abajo. Cuando el público del patio de butacas intentaba salir por los pasillos laterales, se encontraron con un tapón de seres humanos que obstruía la salida. Los espectadores de palcos, anfiteatro y paraíso se habían anticipado en la huida y fueron los que impidieron el paso. Los primeros que pudieron salir por la puerta de la calle Santa Ana, trasera del teatro, fueron los actores, que aun vestidos para salir a escena pudieron salvarse todos. El primer actor D. Lino Rodríguez vestía de marino.
La lucha por sobrevivir dentro del teatro debió ser terrible. Refiere la prensa de aquellos días recogiendo las impresiones de los primeros testigos, que la insensatez, y el egoísmo de algunos, les empujó a la barbarie, señalando que aparecieron cadáveres con puñaladas en la espalda, lo que parecía indicar que algunos desalmados, al ver que no podían alcanzar la salida, porque los que estaban delante les obstruían el paso, no dudaron en apelar al crimen para salvar los obstáculos sacaron navajas y apuñalaron a los que estaban delante. Algo parecido ocurrió en el incendio del Bazar de la Charité de París, en que aparecieron cadáveres con heridas de balas de revólver. Sin embargo, más tarde los forenses desmentirían esta noticia. Todavía hubiese podido ser mayor el número de víctimas, si la entrada del patio de butacas hubiese estado completa, pero sólo había aquel día 10 filas completas, lo que impidió que la catástrofe fuese aún mayor. Mueren 67 personas y quedan heridas o quemadas en diverso grado más de 200 personas.


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