27 febrero 2016

Return

He de decir que me pilla desentrenado, que no siento adicción por la danza con licencia de vanguardia, no son prejuicios, me causa dudas el arte con tintes de pastiche, los espectáculos confeccionados con retales que proclaman su transversalidad.

Recursos artísticos ajados, demasiado sobados, desprenden el hedor del plagio, se camuflan como innovadores y reciben aplausos entusiastas de un público incondicional. Determinada danza contemporánea, no toda, desde siempre me ha parecido que se asemeja bastante a una especie de exhibición de lo que acontece en un gimnasio deportivo, ejercicio físico...pero con una diferencia, a los empadronados en el escenario les mola ser pasto del voyeurismo.

Return no es teatro, tampoco importa....es danza de personas que se mueven al ritmo de la música y del silencio. Movimientos coreográficos inspirados en la etología del limaco y de Ícaro, de modo que la luz se arrastra por el piso de escena...iluminación sugerente, aporta estética, transgrede tópicos, escapa de la ortodoxia (me gusta). Música de dinámica atronadora (excelentemente grabada). Proyección con formatos desencuadrados y procedencia de la fuente de manera manifiesta (merma encanto y misterio)...multimedia rácana, abonada a la sobriedad, podría haber embellecido la puesta en escena.


Adquirimos consciencia de la existencia de una historia por el desarrollo de una exigua aunque precisa narrativa verbal. Crudeza poética. A ratos, coreografía convulsa, con copyright de residente de centro psiquiátrico. 

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