10 enero 2014

Escotillones, tramoyistas y espíritus.

El personaje que aparecía o desaparecía por debajo del piso del escenario se decía entonces que subía o descendía desde el infierno. Ese averno (foso) estaba habitado por tramoyistas de cuya pericia manejando el escotillón, dependía en gran medida la confabulación para convertir en verosímil la fábula. Los tramoyistas al unisono hacían girar las ruedas de los tornos, cuerdas y cables pasando por roldanas chirriantes, traccionaban el escotillón en un viaje enigmático donde iban y venían los más variopintos espíritus, para asombro de un pueblo necesitado de credulidad.
Escotaduras abiertas estratégicamente, camufladas con atrezzo, eran descorridas en el momento acordado, y al ritmo de la música los tramoyistas en una sinfonía melodiosa hacían emerger de entre las entrañas del foso, a ninfas misteriosas alumbradas por diablas y candilejas.

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