22 agosto 2012

¿Gestión teatral o mercadería?



En las artes escénicas (teatro, danza) y la música, parece que todo el centro de atención pivota entorno a lo que ocurre en el escenario, restando importancia a lo que sucede en el patio de butacas que es por donde entran los ingresos y, por consiguiente permite ofrecer una programación teatral prolífica, estable y de calidad.

-Ocupar el aforo de la sala de cualquier manera (invitados, amigos, clac, polillas…).
-Fidelizar espectadores (realizando distingos..)
-Obtener buenos resultados de taquilla.
-Satisfacer el desarrollo cultural de los espectadores.
-Facilitar de modo permanente el acceso de los grupos sociales tradicionalmente excluidos de los bienes culturales.
-Propiciar la regeneración constante de nuevos públicos.
-Tener en consideración la opinión de los espectadores. Respetarlos.
-Fomentar el asociacionismo a través de clubes de teatro.
-Promover un mayor acercamiento entre artistas, obra y público.
-Establecer programas anuales de visitas didácticas (escolares, ciudadanía…).
-Promoción y difusión especifica de las artes escénicas, (seguimiento de su eficiencia).
-Denotar algún interés en conocer si el espectáculo se podrá representar en las condiciones en que fue ideado (ni lo se ni me importa, he ido a verlo, me ha gustado y lo contrato para mi ciudad).
-Flexibilidad horaria en las funciones (considerar jornadas de trabajo del publico a quien se dirige el espectáculo, disponibilidad de transporte público, costumbres sociales cambiantes según estaciones del año…..).
¿Suelen ser éstas las preocupaciones del programador o gestor cultural?
¡Uhhmm!........ ¿Les influyen las revistas especializadas? ¿Las redes? ¿Se cobran favores (fechas, espacios, permanencia…)? ¿Se vetan a compañías teatrales? ¿Por qué a algunos les pagan cachet mientras los demás arriesgan prestigio y dinero? El programador, el gestor ¿realiza concesiones de motu proprio (pérdida de poder decisorio) afectado por la tendencia política del momento? ¿Por qué predomina la figura del programador solitario? ¿No estamos expuestos al riesgo del autoritarismo? ¿No existen fórmulas más participativas? ¿Es el programador un ser infalible? ¿Cuál es la relación entre la gastronomia y su oficio? ¿Es el programador un tipo inmortal?

El teatro nunca ha sido un arte bobalicón, imparcial, sin intenciones o desinteresado, aunque en numerosas ocasiones transmita sensaciones engañosas. Pero no. No hay que despistarse. Con democracia o sin ella en teatros públicos y privados, nos restriegan los intereses y valores de las clases o grupos sociales predominantes. Y llegados a este punto, las incertidumbres de D. Tomas Motos Teruel también son las mías:

¿Por qué este espectáculo y no otro?
¿De quién es la cultura mostrada en ese espectáculo? ¿A qué grupo pertenece?
¿Qué intereses guiaron la selección de ese espectáculo en particular?
¿Cuáles son las relaciones de poder implicadas en el proceso de selección?
¿Qué valores estamos transmitiendo a los espectadores y de qué grupo son esos valores? ¿Por qué procedimientos, ciertos productos artísticos se consideran legítimos y otros no?

¿La industria del teatro se marca un único objetivo? ¿ganar dinero? ¿O rentabilizar la inversión? ¡Basta de usureros! ¿Dónde quedaron los ideales artísticos? ¿A qué barranco se arrojó las proclamas de irreverente perversión? Se ha instalado un oligopolio que comercia obsesivamente con un producto aparentemente intangible, que persigue de manera sibilina el monoteísmo de conciencias por un puñado de monedas. Mercenarios del chiste fácil y la complacencia.

Lancemos un mensaje de socorro para que surjan nuevos cómicos de la legua que rescaten la identidad del teatro, y conviertan el silencio de hoy en el arma más poderosa jamás inventada, la palabra del disidente.

4 comentarios:

  1. ja..ja..ja...¿los programadores no son esos tipos que disputan para ver quién la tiene más grande?
    ¡ojo! que hablo de sus barrigas.

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  2. Claro que se vetan compañias. Preguntale al programador del teatro donde trabajas.El un poco de esto si que sabe.

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  3. La compañía vasca Glu-Glu representó en el Kursaal su comedia 'Marika de playa', una obra que llegó envuelta en la polémica de una posible censura por parte del programador municipal de Donostia Norka Chiapuso.
    El año y medio que ha pasado desde su estreno hasta llegar a San Sebastián no ha sido «una casualidad», según el productor Toño Pinto. «El programador de Donostia nos dijo que no nos la programaba por el título, así de claro», explica. «Pero como queríamos venir hemos alquilado la sala pequeña del Kursaal y aquí estamos», apostilla el productor de comedias como 'Cocidito madrileño' o 'Vaya semanita'. Antes de estrenarla mostraron la obra a un colectivo de homosexuales «porque no es nuestra intención molestar a nadie». La respuesta dicen que fue positiva y siguieron adelante con este título, «llamativo como la mayoría de los que ponemos a nuestros montajes». La actriz Mila Espiga dijo cuestionarse su profesión «ante este hecho» y quiso «denunciar que el teatro público de Donostia no quiso programarnos porque no les gustaba el título». Ana Pérez, directora de la obra, ironizó diciendo que «quizás si se llamara 'Gay de playa' sí que nos hubieran traído». «Hace años ya nos pasó lo mismo aquí con otra obra que se titulaba 'Salir del armario', no sé qué pasa», recalca Pinto.

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  4. ¿algo tendrá que ver la orientación sexual del que antes era el mandamas político de cultura?

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