02 octubre 2011

Tramoya artesanal


Me parece interesante recordar como eran antes las maquinas de tramoya y a eso dedico esta entrada. De modo que diseccionamos brevemente lo que hoy resulta una curiosidad histórica.

Bancada de poleas de reenvío y rail con frenos en dispositivos de varas contrapesadas de tiro directo, así a primera vista, la impresión es de que hay que ser un súper tramoyista para cargar las áncoras con semejantes contrapesas. En cuanto a los frenos, siempre se ha dicho que los de tipo excéntrica castigan mucho el maromillo. Si nos fijamos en las poleas vemos un sencillo y perspicaz sistema para impedir el desbordamiento (engarruche) del maromillo de la garganta de la polea.

A pesar de encontrarlos ahora muy rudimentarios con similares ingenios se lograban puestas en escena magistrales. Lo inaudito es que actualmente en cuanto a la dotación de maquinaria escénica que poseen los teatros, han cambiado poco las cosas. Se modifican las formas, los colores, los materiales, algunas sujeciones…pero nada más. Los teatros han modernizado sus equipos de iluminación y sonido, y sin embargo, se han quedado con obsoletas infraestructuras y maquinas de tramoya, con reliquias en ocasiones reacondicionadas o empeoradas. Paradójico, vivimos en una época de culto tecnológico, pero mantenemos activas maquinas de accionamiento manual que nos llevan a retroceder a un pasado lejano, y a someternos a ritmos, técnicas, o dinámicas de trabajo que creíamos ya superadas. ¿Tramoyistas o artesanos?


Falta que los teatros emprendan otros procesos de renovación, que evolucionen en el uso de nuevas tecnologías y adapten su maquinaria escénica a las demandas artísticas del siglo XXI. Probablemente esas exigencias vendrán impuestas con el tiempo a través de directivas europeas, y aquí entra en juego una teoría cabalística bicéfala, ¿actitud o aptitud?, ¿quedarse a esperar o anticiparse en la inversión? Llegados a este punto, algo influirá la procedencia formativa del gestor, la dispersión de sus competencias, el grado de independencia en su decisión y el lastre de prejuicios.

Finalmente. Son muchos, demasiados, los teatros que regidos por gente ajena a la "vivencia teatral", con sensibilidad e inquietudes diferentes, y con el aval de consultorías infalibles han impuesto tramoyas arqueológicas en escenarios de reciente rehabilitación.

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